Llegaste como siempre a una habitación de un hotel que jamás habías pisado en tu vida. Muy poco recuerdas de lo que paso la noche anterior, solo una que otra foto y muchas caras desconocidas que admiran a alguien del que no conocen ni un pelo. Sonríes como un idiota al notar tu camiseta mojada, palpas el resto de tu cuerpo para saber si también lo esta, y, efectivamente, esta mojado. Tus neuronas indagan que talvez todo eso es un sueño, un ilógico sueño de esos a los que ya estas acostumbrado. Pero, el cantar de los pájaros y la poca luz solar que pega dolorosamente en tus ojos te dicen que es verdad.
Ahora te preguntas como pudiste aparecer mojado, casi en un acto mecánico tus piernas te llevaron hasta el baño y de acomodaron frente a un espejo grande para que pudieras apreciar la gran perdición que eres. Cierras los ojos queriendo no ver esa parte de ti, esa parte que has logrado ocultar con uñas y dientes, para solo mostrar ante los demás una que otra risita tonta para que nadie sospeche de lo que verdaderamente eres.
De nuevo esos sonidos extraños comienzan a carcomerte la mente, igual que la noche anterior, luego apareces en un mundo vació, un lugar que no es el tuyo, un lugar donde todo es como siempre lo imaginaste, sin cámaras, sin gente que te rodee por todos lados para sacarte una firma mas o una foto vacía y sin sentimientos. Lo único que tienes al frente son unos peces raros invitándote a seguirlos en medio de jugueteos, sin pensarlo dos veces los sigues, pero al final de un camino que creíste que era infinito esos peces raros desaparecen dejándote solo en ese mundo utópico que pensaste poseer.
Abres los ojos dejando de pensar en esas tonterías, sabes que es hora de (intentar) dormir, pero no conoces lo confortante que es cerrar los ojos y descansar por unas 8 horas desde hace unos días. Duerme de una buena vez, ya sabes que mañana será otro de esos tantos largos días….Hay quienes nacieron para saber la importancia de nunca haber nacido (*)
No deseas levantarte. Quieres dormir hasta el medio día como lo hacías años atrás. Pero pronto alguien golpeara tu puerta. Te obligan a salir. Bajas las escaleras del hotel esperando que una catástrofe pasara para volver a buscar a esos peces raros y nadar en medio de su extraña compañía. Pero sabes perfectamente que esas cosas nunca suceden. Entras en el pequeño restaurante del primer piso evitando miradas curiosas de personas que nunca conocerás. Te acercas a la mesa mientras tus amigos miran tu cuerpo desgastado. ¿Es muy difícil mostrarse tal como es? A lo mejor si. Quieres mirarlos con odio, pero no puedes, los años te enseñaron a derrotar a tus enemigos con cosas inteligentes y no guardarles rencores, pero, ¿Qué pasa?, ¿Esta vez no eres capaz de enfadarte frente a tus amigos? ¿No quieres mostrarle a cada uno una parte de tu odio, gritarlo a los cuatro vientos? No. Prefieres correr con lentitud una silla y sentarte mirando con indiferencia los apetitosos manjares que hay sobre la mesa. Tomas una taza de café y una tostada y piensas que talvez esa razón sea suficiente para seguir viviendo. ¿Seguir? ¿Acaso comenzaste algún día?
En las próximas horas te obligaran a hacer visitas a canales de televisión, a hablar de nada con gente que cree admirarte, y tu preferirías seguir nadando con esos peces raros, pero desde la noche anterior te da miedo volver a hacerlo, morirás seco y deshidratado, en la mitad de un desierto donde ni los cactus florecen.
Antes de volver a cerrar por ultima vez los ojos verás el cielo azul, libre de flashes, recordaras que es el olor de un postre recién preparado por tu mama, antes de tener que acostumbrarte a comer en Starbucks o en Mc’Donals. Sentirás como el viento te despeina y tú de manera inocente creerás que es alguien que verdaderamente ve lo que eres, como ninguna otra persona lo ha hecho, y además ella te esperara pacientemente para que te sientes en su regazo.
Te equivocas… nada de eso sucederá…
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