Pendiente para ser probado

martes, 1 de noviembre de 2011

- Gerard, me duele el estomago, creo que está ulcerado, si no me traes algo de comer, serás el culpable de mi muerte –

- ¡Que exagerado eres! –

Se arrastró en la cama como una serpiente, acercándose cada vez más a mí, hasta el punto de poner su cabeza sobre mi regazo, regalándome la más dulce de las miradas.

- En el recorrido del taxi vi una pastelería abierta, como a cinco cuadras – Miró al techo, suspirando – Tengo antojo de pastel de chocolate –

Habló como un niño, en cualquier persona esa actitud me habría parecido chocante, pero en Frankie... era simplemente adorable.

Tomé mi abrigo, avanzando despacio por las calles despobladas, mientras evadía los vagabundos dormidos en las aceras, pensaba de nuevo ¿por qué? por qué demonios estoy congelándome en la calle a tan altas horas de la noche, buscando una pastelería para complacer el apetito de una persona que conocí hace dos días, por qué no puede simplemente decirle “no”, dejar que se durmiera con hambre, o que se fuera de mi casa, porque sonrío al pensar en él, ¿por qué, por qué, ¡Por Qué!?

Regresé caminando feliz con el pastel en mis manos, levanté la vista hacía mi apartamento, vi la figura de Frank reflejada en las cortinas, estaba frente a mi closet, abriendo puertas, sacando mis cosas de las gavetas, me asusté y subí de inmediato.

Tan pronto abrí la puerta, Frank estaba de nuevo en mi cama, tal como lo dejé.

No dije nada, simplemente le pasé la torta, él me sonrió agradecido, abriendo la caja y sacando el tenedor de plástico, empezando a devorar el pastel como loco.

- ¿Coca cola? –

- ¿Uh? –

- ¿Te traigo coca cola? Eso si tengo en mi cocina –

Aceptó, recorrí los pocos metros que separan la cocina de mi habitación improvisada mirando todo con recelo, todo parecía normal, pero algo en mi con respecto a Frank cambió radicalmente, ya no confiaba en él.

Volví, entregándole el refresco.

- Quieres pastel, ¡está rico! –

- No tengo hambre –

- Tu te lo pierdes -

Lo observaba con más detenimiento que antes, Frank comía con avidez, saboreando cada bocado, deslizando su lengua sobre los labios, rezongando por el placer dado por el chocolate, tan inocente, tan simple, pero no es así, se que no lo es, ¿qué hacía indagando entre mis pertenecías? no se lo pregunté, aun no sé por qué.

- Dicen que el placer de comer chocolate, es igual al de dar un beso, no creo –

- Bueno, ya sabes, me parece que activa las mismas neuronas, y produce endorfinas, o que se yo –

- Pero es diferente, Gerard, no me digas que es igual el placer en comerte todo un pastel al placer que se puede sentir cuando quien amas te besa suavemente –

- Todo en el cuerpo se reduce a respuestas químicas, por eso el amor no existe, el romance es una cuestión química –

Frank se acercó hasta mi, con un enorme bocado de torta en el tenedor.

- Abre la boca –

Accedí, y me zampó el pastel dentro.

- ¿Que sientes? –

- Hum, está buena –

Respondí sin ganas, él sonrió, dejando de lado el tenedor, acercándose mucho más a mí, tomando mi rostro entre sus manos, besando mis labios superficialmente, tan solo posando sus malditos labios rosa sobre los míos, un fugaz beso, el más simple que me han dado en toda mi vida, el más hermoso que nadie me había dado jamás, se alejó rápidamente, tomando de nuevo el tenedor para continuar devorando el pastel, me miró sonriente, complacido.

- Ves que no es igual, con el pastel no te sonrojaste, no se te agitó la respiración y ciertamente no te dejo en el rostro esa expresión de idiota que tienes ahora –

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